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jueves, 14 de febrero de 2019

Investigando sobre el Cuerpo Etérico

A menudo hablamos de los distintos cuerpos sutiles que forman al ser humano, pero del mismo modo no prestamos demasiada atención al denominado "Cuerpo Etérico". Vamos a investigar un poco acerca del  mismo utilizando la analogía para poder profundizar en nuestra comprensión viajando del macrocosmos al microcosmos; de lo más lejano a lo más cercano.

Así como necesitamos un cuerpo para podernos expresar y por lo tanto también comunicar en cada uno de los Planos de Existencia, también necesitamos de determinados canales o vías, como autopistas, por donde fluye la energía y, así pues, el mensaje que queremos transmitir. 

Estas "autopistas" por donde fluyen las energías son los llamados "nadis" que conforman al Cuerpo Etérico; redes nerviosas portadoras de las energías entre los distintos chacras.

Antes de continuar debemos de aclarar que toda forma de vida tiene su contraparte etérica en forma de molde exacto, por donde circulan las energías que le dan vida. La Vida, en forma de Prana, circula  a través del cuerpo etérico, cohesionando la forma, esta forma física que no es más que la expresión última (para nosotros visible) a través de la cual la Vida interna está intentando manifestarse.

Volvamos a los "nadis"...
Podemos comprender a cada "nadi" como una neurona que transmite la energía utilizando la red que forma con el resto de nadis de un determinado organismo. Los chacras, haciendo la analogía, son como centros neuronales (cerebros o centros de comandamiento de los distintos cuerpos y que estarán más o menos activos y subordinados a un centro u otro en función del estado de consciencia que caracterice a determinada entidad).

Pero tengamos en cuenta algo de vital importancia: no debemos comprender a las distintas vidas que forman la existencia como si estuvieran separadas las unas de las otras. Todo se interpenetra; toda vida interactua con las demás, al igual que una célula de nuestro cuerpo con las demás, mediante el cuerpo etérico que la circunda. Así pues la influencia y comunicación del macrocosmos con el microcosmos se produce constantemente a través de estas "autopistas de energía" que llamamos nadis y que como ondas de radio, comunican a toda vida con el resto del universo.

Por lo tanto, estas redes eléctricas que constituyen el cuerpo etérico son universales, porque toda entidad posee un cuerpo etérico por donde fluye el prana o Vida. Es responsable de la interconexión de todo lo que existe, como decíamos, la razón de la Astrología y lo que hace posible que la Vida Una pueda hacer llegar su energía des de Shamballa a la Humanidad, pasando (hasta cierto punto y momento) por la Jerarquía.
Así es, gracias a estas redes cósmicas, las energías de las distintas entidades planetarias llegan a nuestro planeta y, des de aquí, son distribuidas a todas las vidas que formamos parte de ella. Gracias a estas conexiones, la comunicación interna con distintas entidades es posible. Así pues, si queremos ser Servidores del Plan, deberemos de fortalecer, agudizar y sintonizar adecuadamente nuestro cuerpo etérico a fin de ser receptores lo más puros posibles y poder, así, "bajar el Cielo a la Tierra".

¡Un abrazo!

miércoles, 4 de julio de 2018

Del Silencio a la Revelación

Cuando la Libertad se convierte en Responsabilidad...
Cuando desde la Libertad nos dirigimos a la Liberación...

Enfrentamos nuevos tiempos, tiempos en que Urano, símbolo de libertad y liberación empieza a actuar en la constelación de Tauro. Que Urano, foco de luz portador de las energías del Séptimo Rayo, enfocando su atención hacia la materia y como portador del Propósito divino, traiga la Luz al Ojo de Tauro e ilumine la forma.

Hablamos de Urano como símbolo de libertad, aunque nunca seremos libres si no hemos superado todos aquellos apegos que nos atan al mundo material y que, por lo tanto, nos mantienen presos en el mundo de la forma. Cualquier condicionamiento es una prisión que impone su ley y no permite al Alma expresar aquello que Es, en su más pura esencia.

Solo desde el Silencio de la forma en su triple manifestación (física, astral y mental) puede surgir la Libertad para el Alma que desde el principio de los tiempos emprende el Camino hacia su manifestación; hacia la Autoconciencia que le descubre quién es y su procedencia monádica de la cual ella es la embajadora.
El Silencio, entendido como desapego hacia todo aquello que es material, nos abre las puertas de la Libertad y, con ella, de la Revelación del Plan. Desde este silencio personal surge un Silencio mucho más profundo y omniabarcante; surge un Silencio revelador fruto del contacto establecido con entidades de evolución superior. Y así es como, gracias al Silencio transitamos de la libertad personal a la Liberación y Responsabilidad espiritual. Esta Responsabilidad es grupal porque surge del Alma Grupo de todo Discípulo en el Sendero de la Iniciación. Surge del Alma Grupo comprometida en la consecución del Plan.

De la Responsabilidad grupal surge aquel Silencio interno, profundo y potente que, como nota invocadora emitida por el Alma grupo, llama a la puerta del Reino Superior para poder "bajar el Cielo a la Tierra" y construir desde el Ojo de Tauro y con la energía del Séptimo Rayo, aquellas formas adecuadas para la manifestación del Propósito divino: se ha producido la Revelación.

De la libertad personal, decíamos, a la Liberación de la forma (materia) y su intrínseca Responsabilidad grupal. Ésta, la Responsabilidad Grupal, surge del compromiso que como Alma toma el Grupo interno en trabajar para el Maestro en la construcción de un nuevo mundo. Trabajamos, conscientemente, en esta construcción, en el "despertar de las Consciencias", tarea que se erige como clave fundamental para todo Servidor.

viernes, 25 de mayo de 2018

Meditación como revelación

Tal y como comentamos  en el último artículo, "meditar es construir"; crear un nuevo mundo. 

En todo proceso creativo hay dos entes implicados: una mente activa actuando como polo positivo (es aquí donde situamos al ser humano) y un polo negativo identificado con el Reino dévico, ambos necesarios para que aparezca la luz o revelación y su consecuente exteriorización en el mundo de la materia. 

Hablamos de meditación como de aquel estado de conciencia producido por una firme atención en la luz; como aquel estado de integración grupal (de contacto de Alma con Alma, y con el Maestro) mediante el cual emitimos la invocación o palabra de paso que nos abrirá la puerta a la luz de la revelación. 

La revelación es Luz, es captar una pequeña parte del Propósito que tendremos la responsabilidad de traducir e interpretar como Plan divino que debe exteriorizarse, es decir, hacerse realidad en el mundo triple de la materia. 

En todo este proceso es necesaria una profunda atención, una firme voluntad para mantener la mente enfocada en la luz y una indisoluble y amorosa cohesión grupal para llevar como unidad grupal el Propósito divino, convertido en Plan, al mundo externo. 

Meditar es crear un nuevo mundo, pero esta creación debe ser un acto consciente, realizado desde el Alma y, por lo tanto, acción grupal. Esta creación, pues, debe ser un trabajo colaborativo entre seres humanos y entidades dévicas; seamos conscientes de ello. 

Toda meditación implica revelación. Toda revelación es afluencia de luz (o entidad dévica) precipitada hacia la materia para realizar, como arquitecto divino, el Propósito divino en la materia. 

Así pues, meditación, atención firme en la luz, revelación y construcción conscientes, se nos muestran como el camino grupal a realizar en la construcción de un nuevo mundo y como responsabilidad fruto del compromiso consciente y renovado de todo Discípulo en el mundo de los hombres.